LA REELECCION DE ALVARO URIBE COLOMBIA

1.- UNA ESTRATEGIA DE OPOSICION CONTESTATARIA.
No resulta nada fácil hacer un análisis sobre los resultados electorales, a menos, desde una perspectiva seria, abstraídos un tanto del militantismo que en muchos de los casos ciega la razón y tiende a eludir la parte de responsabilidad que nos compete por no haber logrado el éxito. Esperando tal vez los más atroces calificativos, quiero asumir el riesgo de intentar con independencia de pensamiento abordar mi particular análisis de los resultados electorales, reconociendo de antemano que en tanto no logramos la segunda vuelta, como meta, como tarea, no existe en mi el consuelo de esa histórica votación de la izquierda democrática que en buena parte lo ha sido gracias al talante que alejado de la tradición izquierdista supo presentarCarlos Gaviria.
1.- LA ETEQUETA POLÍTICA DE LA IZQUIERDA, UN MÁRKETING DESGADO. En principio considero que desde la orilla de la izquierda, si bien hemos acertado en la caracterización del gobierno de Uribe, no hemos acertado en los métodos ni en el lenguaje adecuado para que los electores crean en nosotros, cayendo en muchos casos en la retórica tradicional del señalamiento, siempre típico de nuestra ortodoxia, que por años la ha utilizado, creyendo que ella es suficiente para derrota gobiernos.
En décadas pasadas, las etiquetas de "Gobierno fascista", " dictadura civil", "gobierno ilegitimo", "demagogo" o "imperialista", fueron expuestas en todos los actos de nuestra izquierda y esos gobiernos, no solo seguían mandando, sino representando al país y también reprimiendo, recortando las libertades e incluso, matando selectivamente a dirigentes demócratas; así que las etiquetas, por más que se pintaban en paredes y en carteles, no lograron derrocar a uno solo de esos gobernantes y lo que es peor, no alcanzaron alevantar la indignación generalizada de un pueblo. Al igual que ayer, tampoco sirvieron esas etiques puestas a Uribede "extrema derecha", "paramilitar", "gobierno autoritario" etc, para desprestigiar su gobierno, ello porque quienes desde la izquierda han venido elaborando los análisis y el mercadeo, se han movido dentro de un marco contestatario, que por lo general no expresan ganas de gobernar o de asumir el poder. Por ello, al caracterizar los gobiernos se olvidan de los aciertos, que es precisamente la parte necesaria que hay que debilitar del contrario para lograr gobernar.
Este cambio del chip, implica una actitud prepositiva del aspirante a gobernar, no siendo suficiente el contestatar, a menos que se quiera entrar en el choque callejero. Cuando quienes aspiran a gobernar, supeditan las propuestas de gobierno en lo inmediato por la consigna o la etiqueta, caen en la generalización de los análisis y con este método ven el bosque, pero no como la maraña va creciendo y expandiéndose bajos sus árboles. De paso este sistema ha impedido a la izquierda clarificar sus horizontes y entenderse dentro de un marco plural, porque la generalización y la unidad en torno a una etiqueta de combate, oculta los matices que en un proyecto prepositivo de gobierno y haceres inmediatos, obliga a la lucha intelectual e ideológica y que necesariamente excluye todo sectarismo. Sobre generalidades los partidos nunca se crean, contrario a lo quemuchos creen y a lo que ha creído siempre la izquierda, son las más concretas individualidades las que han unido a pueblos, en procesos independentistas y en revoluciones. Por ello, me atrevo a exponer desde una óptica distinta los aciertos de Uribe y los cuales no hemos enfrentado con claridad.
2.- DEL “MICROGOBIERNO” AL TOTALITARISMO. Se ha indicado reiteradamente por analistas de diversas ideologías, que uno de los aciertos del Presidente de Colombia ha sido el desarrollo de un estilo moderno de gestionar la cosa pública, al hacerse presente en la gestión de lo mínimo, de lo micro y han calificado este sistema de “microgobierno”. Sin embargo, entendiéndose que en Colombia existe un régimen centralista, resulta paradójico que ese sistema tan ensalzado del llamado “microgobierno”, sea precisamente opuesto a todo tipo de gestión pública democrática, en el cual se propende y privilegia que sean directamente los involucrados o afectados en la cosa pública, quienes definan y gestiones sus propios recursos. Este sistema de la inmediatez en el manejo de la Administración, es el que la izquierda ha de reivindicar como esencia del empoderamiento local y es por lo tanto, absolutamente opuesto a ese llamado “microgobierno”, entendiéndose a la colombiana, como que el Poder Central está gestionando directamente los asuntos más mínimos de la administración local, para extender la mano prodigiosa del Estado a los desvalidos de las provincias. Los “Consejos Comunales de Gobierno” en los cuales el Presidente como Jefe Gobierno se desplaza con todo su Gabinete a evaluar, cuestionar y determinar qué debe hacerse con la cosa pública en cada localidad o provincia, no puede, ni deben ser compartida, ni patrocinada, ni permitida por los demócratas defensores de la descentralización y del poder local, porque ese sistema de gestionar y gobernar ataca directamente el que si ha de entenderse, desde la democracia y la izquierda como MICROGOBIERNO (en mayúsculas), es decir, como autogestión que reivindica el derecho de la persona a apropiarse y a gestionar lo inmediato, lo que esta en su entorno y lo más importante, a ejercer el poder. La “microempresa” de Uribe lo que hace es menospreciar y desconocer la capacidad de esa gestión del poder local. A quienes realmente les compete la capacidad de decisión sobre sus asuntos inmediatos, es a quienes directamente soportan sus resultados y no debe un poder supremo invadirles ese ejercicio, porque les arrebata el poder de decisión, le niega el derecho a equivocarse, que es un derecho absolutamente democrático, también. Ese copamiento de ordenar y mandar en todo lo micro por parte del poder central, impidiendo que se fortalezca, crezca y desarrolle la autonomía local, tiene otro nombre, el de un centralismo a ultranza y siendo ejercido, como lo esta haciendo Uribe en Colombia, como Jefe de la Administración pública que es, con prerrogativas máximas derivadas de ese mismo poder, su ejercicio deriva necesariamente en un autoritarismo de Estado. Eso que muchos califican de acierto en la gestión del Uribismo ha sido un desacierto para los demócratas y la democracia, más fuerte aún, para los defensores del municipalismo y del autogobierno, quienes no han sabido afrontar tamaña desproporción porque en últimas, los partidos de izquierda también mantienen esos vicios en el ejercicio de la política, gestionando desde el centro los asuntos que han de competer a cada localidad o provincia a cada regional del partido o movimiento. No hubo así una oposición consecuente al Uribismo, de allí su cómodo actuar. El acierto de Álvaro Uribe en el manejo de la Administración Pública, es por lo tanto un cuestionamiento profundo a quienes nos decimos demócratas y a quienes se ufanan de izquierda, porque ante esa práctica, centralista, totalitaria, debimos levantar el GOBIERNO DE LO LOCAL, EL PODER DEL MUNICIPIO, y el respeto a la provincia, a ese poder micro para que pueda equivocarse y acertar gobernar. Esta propuesta de izquierda, democrática, seguro atacaría la columna vertebral del Uribimos en esquema de gobierno, develaría su contenido antidemocrático y autoritario. Pero como en últimas, esa propuesta autonómica, municipalista o Federal, también era un ataque a las prácticas antidemocráticas de los Partidos de izquierda que mantienen un fuerte y profundo centralismo, se Privilegió la consigna, la “etiquetas”, sin una oposición local consecuente, por ello cómodamente logro Uribe, sin una segunda vuelta, la Reelección, a costas de castrar el derecho de la provincia a ser, a crear, a equivocarse etc.
3. “SEGURIDAD DEMOCRATICA” Y LUCHA ANTITERRORISTA.

Para empezar, el concepto de seguridad democrática del Presidente Colombiano y la denominada seguridad nacional que por décadas inspiró la Seguridad de los Estados Unidos frente al comunismo, son, como lo dirían mis abuelos “la misma perra con distinta guasca”. La misma perra por cuanto ambos conceptos ubican como enemigo de la democracia al “comunismo” y, aún cuando después del 11S, los Estados Unidos y occidente consideran que el actual enemigo es el “terrorismo” , referido y ampliado no solo al que ejercen los fundamentalistas musulmanes contra occidente, sino a todo ataque criminal ejecutado masivamente contra la población civil, para el caso colombiano, la expresión política de la llamada ”Seguridad Democrática”, distan totalmente del estilo de lucha antiterrorista que ejercen la mayoría de los Estados democráticos del mundo que con excepción de EEUU., lo hacen bajo el respeto a la legalidad internacional, garantizando los derechos políticos, los derechos humanos, la intimidad de las personas y derechos-garantía a la oposición.
Esa diferencia se acentúa más cuando la “democracia” que se dice defender, no es vinculante al Estado Colombiano, es decir, no se trata en el sentido estricto que el Estado colombiano está en defensa de la democracia colombiana, sino y por el contrario, en vincular masivamente a la población civil con la anuencia de los medios de comunicación en la lucha contra la oposición, justificando su carácter masivo con el remoquete de lucha democrática contra el “comunismo de las FARC” o contra el Terrorismo y, en este sentido, la llamada Seguridad Democrática no es otra cosa que una manifestación totalitaria contra las aspiraciones, estás si democráticas de la oposición.
3.1.- EL MICROCOSMO DE LA DEMOCRÁCIA : EL HOMBRE
Para alguien que conozca el ABC de la democracia, no le resulta difícil entender que en Colombia se ha reducido la democracia a elecciones y el actual, no es ajeno a ello. De existir allí la democracia, como la entendemos quienes realmente nos consideramos demócratas y vivenciamos el decurso de Estados que practican ese ejercicio, no dudaríamos como ciudadano en apañarnos con el gobierno en su defensa, sin necesidad de que se nos invitara a vincularnos como mercenarios de ejércitos privados o como informantes, por cuanto la lucha contra quienes atacan la democracia que nosotros concebimos, no puede ser otra que más democracia, mas igualdad, más derechos y más poder local, existiendo obviamente la ineludible línea del equilibrio entre; la seguridad del Estado y la libertad de los ciudadanos.
Pero en Colombia con el pretexto de que peligran el Estado y su Democracia, se han dictado las más represivas medidas antidemocráticas por más de tres décadas, para remembrar, baste citar algunas como el Estatuto de Seguridad en el gobierno de Turbay, o los permanentes Estados de Excepción en los gobiernos anteriores y sucesivos o, las ordenes de ejecuciones extra-juicio con la existencia de los tenebrosos organismos de seguridad, que pasando por los DOC, El MAS, Los CAES, Los PEPES, llegando hasta las hoy conocidos como AUTODEFENSAS o PARAMILITARES, han dejado una secuela de muertes selectivas, magnicidios y genocidios, sin que se hayan dado amplias garantías a las fuerzas de oposición, organizaciones de derechos humanos a una justicia independiente, para que puedan denunciar, recabar, investigar y castigar a los autores materiales e intelectuales, todo ello, dado que hasta la fecha la justicia colombiana y la fiscalía han estado al servicio de esa política criminal y no hecho el trabajo que le es debido y que la comunidad internacional reiteradamente demandado.
3.2.- DE LA “SEGURIDAD DEMOCRATICA” A LA DICTADURA ANTIDEMOCRATICA.
Ahora bien, como el discurso y el ejercicio mismo de esa categoría política llamada “Seguridad Democrática” exige la unificación del mando, cosa tal que haga operativa la voz de Coman
dante en todos los frentes en los que opera su tropa vinculada la guerra, a saber, ejercito, policía, asesores militares, mercenarios civiles, autodefensas rurales y urbanos, inspectores de policía y gobernantes locales, deviene en que el jefe del Estado se convierte en el jefecillo de toda la tropa de los mínimos, concentrando todos los poderes y participando en la evaluación, diseño y orden de cuanto se ejecuta y hace.“La Seguridad Democrática” es por lo tanto un elemento más del fortalecimiento del Centralismo que aplicado en estos términos resulta dictatorial, autoritario, macabro y peligroso para la sociedad, toda vez que convertido el jefe del Gobierno en jefe de la tropa, le involucra en una guerra interna permanente,
La doble investidura que en Colombia se da al Presidente, en la Constitución, siendo Jefe de Estado y De Gobierno, se desfigura cuando se subordina la Jefatura de Gobierno o la Administración pública a los intereses de la Jefatura de Estado, y en este contexto, toda Administración queda supeditada al mando central y todo ejercicio de la administración como una acción de guerra, que por lo tanto modifica los balances en términos del conflicto y no en términos sociales.
La prueba más evidente de este escenario de pánico para los demócratas del mundo, esta dado, por una parte en que el crecimiento económico del país no se corresponde con los índices de empleo y pobreza, los cuales se han acrecentado y desde lo político, cuando en la campaña de reelección el Presidente Candidato, resolvió hacer presencia por todas las emisoras y de parroquia y comunales, recabando ante los mínimos la necesidad de hacer parte de la lucha contra “el comunismo” y con ello involucrar al ciudadano en la guerra.
Obvio que no requería, ni requiere para expandir su propaganda de “Seguridad Democrática” de las grandes cadenas mediáticas, estás de años hacen parte de ese esquema que censurando, coartando o impidiendo toda expresión disidente o de oposición radical al Estado o el régimen invitaba a cerrar filan en torno al Jefe del Estado, al caudillo militar. En esta campaña se trataba por lo tanto de captarlo, acapara y vincularlo que el aparato central de guerra pudiera tener fisuras en la “democratización de su seguridad.”.
Ante este panorama, quienes estamos por la democracia y analizando lo que ocurrió y lo que se ha de venir, hemos de exigirle al Gobierno respeto por lo local, respeto por la provincia, respeto por a los Departamentos. Hay que decirla de una vez, que los de abajo se pueden autogobernar, algo más, necesitamos que la provincia se autogobierne. Exigir que el Jefe de Estado no decrete la guerra ideóloga y política contra su pueblo y prevenirnos para que como ocurre con todo mando autoritario, centralista de estas características, recurra el manido enfrentamiento militar con otras Estados vecinos, para así lograr el consenso que la guerra, la muerte y la pobreza le van miando.
3.3- DE “LA SEGURIDAD DEMOCRATICA” AL “CENTRALISMO DEMOCRATICO.”

Éstas exigencia democráticas también debe ser demandadas de manera radical y clara al interior de la izquierda y los partidos demócratas, porque no se puede cohonestar con dichas prácticas centralistas al interior de los partidos, provinieren de donde provinieren, a menos, que quieran meternos en la guerra desde el otro extremo, ya no con el mismo esquema de la “Seguridad Democrática”, sino con el del denominado “Centralismo Democrático” que es lo miso pero justificado por la izquierda ortodoxa y sectaria, que impide el pluralismo y opta, para atacar la libertad de pensamiento, por la sanciones, la expulsiones y la descalificaciones como sistema autoritario para el aniquilamiento ideológico en la búsqueda del unanimismo centralista.
En este sentido, hemos de considerar que la antidemocrácia y al autoritarismo, se combaten con más democracia, permitiendo que lo mínimo se autogobierne y lo mínimo no es otra cosa que el microcosmo humano, ese colombiano que necesita ejercer el autogobierno y así conquistar la libertad.
06/06/06
Argiro Artenio Giraldo Quintero
Abogado ICAM-Investigador
Exiliado Colombiano

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