ESTE ES MI PERRO
Este es mi perro….” Eso digo yo hoy aquí, pero así mismo dice mi hija, Catalina, mi hijo, Alejando y mi mujer, Margarita, cuando están con el o miran su foto y, si la perra del lado, una pur-chanda, pero agraciada, hablara como humana, o si nosotros los humanos le entendiéramos sus ladridos estaría diciendo igual, así que en últimas no se de quien es el perro y eso me da igual.Antes de decir, “este es mi perro”, siempre considere que los animales, como Gandalff, así se llama, deberían de estar en su sitio, es decir, en el monte, nada grato resultó pues agraciarme con mis hijos y mi mujer comprando el perro para que viviera en casa.

Más difícil fue la convivencia con ese animal, cuando procede a vengarse de las injurias y agresiones verbales que solía proferirle, durante más de seis meses continuos, cada que se orinaba o cagaba en la casa. Así, que, al haber aprendido a hacerlo en la calle, decidió arremeter contra mi orgullo y devorando el sofá y las sillas convirtió el piso en una zona de combate personal o, de juego natural contra mi existencia, casi deshecha con su presencia de animal, en una caza de racionales.
Ya me daba pánico entrar a casa, tanto, que antes de saludar a mis hijos, preguntaba: ¿qué daños hizo el perro? - "La puerta" - contestaban asustados y añadían “se comió la puerta, se sentía solo, pobrecito.” – “ Cooomo que pobrecito! (Replicaba energúmeno) ¡la puerta!, la puerta!, esa que durante meses había envejecido y pulido?”- “Si papi” -respondían – “Perro hijo de puta"- le gritaba como loco y él, oculto con las orejas tendidas hacia atrás se apenaba, no de él, sino de mi estado de animal alterado.

Me sentía impotente ante tanta venganza y el perro, sin entender mi idioma o haciéndose el tonto, pasados unos minutos, después de mi desahogo y mi desgracia, se acercaba sigiloso moviendo la cola a lamer mis manos y mi boca, como si lo hubiera olvidado todo o estuviera pidiendo perdón.
Y día tras día y noche tras noche, se repetía la historia, hasta que una de tantas, en medio de la nostalgia y la depresión que da el exilio, como autómata abrí la puerta de la casa, esperaba encontrar de nuevo al perro arrinconado en señal de daño y a mis hijos justificando su pilatuna, pero nada de ello encontré, qué felicidad!, no esta el perro; todos se habían ido. De repente, pasados unos minutos mascullando mi silencio, esa felicidad se fue convirtiendo en la soledad más grande y más profunda, me sentí abandonado, absolutamente vació, metido en un abismo inexistente, ya no tenía a quien gritar, ni a quien odiar, ni a quien recriminar y lo más terrible aún, no encontraba el símbolo del lamido y caricias que después del regaño y pasada mi locura, me daba un perro, ese animal que tanto despreciaba.

Tocaron a la puerta, abrí con cuidado, pero bruscamente alguien me arrebato y sobre mi cuerpo un ser se abalanzó dejando atónita mi existencia, ese ser de orejas grandes, nariz fría y cola peluda que meneaba sin recato golpeándolo todo, me lamía sin cesar, estaba loco de felicidad por verme, no le importaba nada del pasado, de mis gritos e insultos, de mis injurias y desprecios, se sentía pleno, alegre, feliz de encontrarme, yo lo era todo para el. A partir de ese momento, mi aroma cambio, mi voz se enterneció, volvió a nacer en mi la niñez y
lo más importante, entendí su lenguaje, por ello, ese animal, puede ser el perro de Catalina, Alejandro, Margarita o Tutti,( la perra vecina), pero, para mi, es el símbolo del Perdón, así que hermanos míos, familia mía, amigos míos, ESE ES MI PERRO y no me lo quitará nadie!,

0 Comments:
Post a Comment
<< Home