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Monday, August 14, 2006

MONTERA Y SUS PUTAS

La calle de Montera en Madrid, sus edificaciones y muchos de sus negocios, son tan antiguos como la profesión que ejercen en ella decenas de mujeres que pegadas a sus paredes o, deambulando de esquina a esquina, día y noche, ofrecen su cuerpo al placer.

Ha tantos años de esta profesión en esta calle, no equivocamos al considerarlas como parte del paisaje, más, cuando turista que se respete si visita Madrid, debe complementar su andar por Montera. No basta haber visitado el museo del Prado, o haber cenado en el Museo del Jamón, le es obligado el vistazo a las mininas de carne y hueso que con sus propuestas alientan la libido.

Hace apenas ocho años, hispanas, fundamentalmente ecuatorianas, colombianas y peruanas moldeaban sus cuerpos, no tan atractivos al peatón, pero la movilidad ha cambiado el panorama y hoy los cuerpos exuberantes de rubias, gitanas rumanas y negras africanas, han relegado a han obligado a trasladarse a otros sitios aquellas que no soportaron la competencia de sensualidades y cuerpos.

La calle de Montera con sus putas, siguen dando lecciones de vida y de esperanza, porque sin la moral que dicen representar algunos, ellas expresan las verdades de sus países y a la vez el sueño con un mejor bienestar, por ello lloran y ríen, son heridas y perdonan, viven del placer sin tenerlo, tienen fe sin creer en nada o en todo los iconos, pero por sobre todo, añoran algún día dejarán ese trabajo y vivir como “Dios manda”.

Las calles como la de la Montera, en Madrid, las hay por todo el mundo, solo que aquí, en España, esta expuesta a la vista del turista y por más que la policía, el ayuntamiento y los vecinos intenten retirarlas, ellas siguen creciendo en proporción a la pobreza de sus países de origen.

La prostitución se nutre, es verdad, de ese grado de miseria, marginalidad humana que sufren ciertos países y mujeres del mundo, pero también es cierto que la falta de recato y algún grado de menosprecio por ciertos valores contribuyen a su expansión. El dinero fácil y rápido, no siempre es una consigna de buenos deberes y genera en la mayoría de los casos desatinos que marcan el alma de muchas personas.

Tuesday, August 01, 2006

LOS ULTIMOS SOPLOS

Quienes por las circunstancias del destino ya hacemos parte del inmobiliario del centro de Madrid, terminamos conociendo los pequeños desgates que la ciudad produce en otros y en nosotros. Así descubrimos como al vendedor de prensa, al de la pescadería, o al cartero(a), se los van comiendo los años, pero, por sobre todo, en estos andares de ciudad, nos topamos en muchas de las veces con los artistas, que convertidos en mendigos con pedigrí, ubicados en esquinas, en salidas o entradas de metros o en zonas de circulación urbana, interpretan sus melodía en esperan una contribución económica del transeúnte, que si es otro inmueble más de la ciudad, descubrirá el paso de sus años.
En esto de los músicos, los hay de toda clase y géneros musicales, solista y en grupos, concertistas de guitarra y tambolireros solitarios, los hay innovadores y monotemáticos, como aquellos que de flauta en mano vienen cantando el "cóndor pasa" desde hace más de tres años y siguen aún cada noche interpretándolo, hasta tal punto, que ha terminado el pobre cóndor agobiado y agobiando.
Sin embargo llama mi atención uno de tanto, que allende interpretaba el saxo a ritmo de jazz alegre y creativo y hoy se ve lánguido, no se si por el peso de los años, por la desgracia del mendigo o, por la vida bohemia que en muchos de los casos suele acompañar al inspirador de melodías. Nacido en Kansas City, emigrante como muchos, aventurero como otros tanto, esta en el metro de Gran Vía, donde antes soplaba fuerte ese saxo grabe que enamoraba al oídos, el mulato, ya entrado en años, Mahk Osman karen, con el mismo saxo de antes y con un soplido que ya no da la nota, pero que el sigue imaginando en sus mente.

El tiempo le ha carcomido el soplo necesario para que el ritmo aquel salga de su imaginación y hoy apenas notas entrecortados dan la melodía al transeúnte que lo conoció allende llenos de energía soplando como el viento de otoño.

Hoy pase por allí, le escuche entrecortado, ya agotado, ya lento, ya sin aliento de vida y sentía que con ella se le iba el alma y estoy seguro que no solo a El, sino a todos los que como transeúntes pasamos por este planeta, para contemplarlo, para recrearlo, procrearlo amarlo o destruirlo, como suele ser la tarea de algunos.

Serán los último soplos del mulato del saxo que, en el Metro de Gran Via, aún intenta darle con la fuerza a ese instrumento para que la melodía que imagina suene, pero el esfuerzo de su alma solo da para una entrecortada más que se expande por los aires, las otras, las que completaban su inspiración, seguro las llevará en su alma, tal como las imagina, porque el hálito necesario no da para completarlas y esa nota imaginaria mueve aún con ritmo su cuerpo.

Últimos soplos damos todos, pero el del saxofonista de Gran Vía en Madrid, tiene la virtud de escucharse, muchos de esos suspiros de vida, ni siquiera podremos imaginarlos cuando en medio de la guerra una bomba o el tiro de un fusil los trunca sin permiso de nadie, que siga la melodía aún solo sea, en la memoria de hombre que la crea.