MONTERA Y SUS PUTAS
La calle de Montera en Madrid, sus edificaciones y muchos de sus negocios, son tan antiguos como la profesión que ejercen en ella decenas de mujeres que pegadas a sus paredes o, deambulando de esquina a esquina, día y noche, ofrecen su cuerpo al placer.Ha tantos años de esta profesión en esta calle, no equivocamos al considerarlas como parte del paisaje, más, cuando turista que se respete si visita Madrid, debe complementar su andar por Montera. No basta haber visitado el museo del Prado, o haber cenado en el Museo del Jamón, le es obligado el vistazo a las mininas de carne y hueso que con sus propuestas alientan la libido.
Hace apenas ocho años, hispanas, fundamentalmente ecuatorianas, colombianas y peruanas moldeaban sus cuerpos, no tan atractivos al peatón, pero la movilidad ha cambiado el panorama y hoy los cuerpos exuberantes de rubias, gitanas rumanas y negras africanas, han relegado a han obligado a trasladarse a otros sitios aquellas que no soportaron la competencia de sensualidades y cuerpos.
La calle de Montera con sus putas, siguen dando lecciones de vida y de esperanza, porque sin la moral que dicen representar algunos, ellas expresan las verdades de sus países y a la vez el sueño con un mejor bienestar, por ello lloran y ríen, son heridas y perdonan, viven del placer sin tenerlo, tienen fe sin creer en nada o en todo los iconos, pero por sobre todo, añoran algún día dejarán ese trabajo y vivir como “Dios manda”.
Las calles como la de la Montera, en Madrid, las hay por todo el mundo, solo que aquí, en España, esta expuesta a la vista del turista y por más que la policía, el ayuntamiento y los vecinos intenten retirarlas, ellas siguen creciendo en proporción a la pobreza de sus países de origen.
La prostitución se nutre, es verdad, de ese grado de miseria, marginalidad humana que sufren ciertos países y mujeres del mundo, pero también es cierto que la falta de recato y algún grado de menosprecio por ciertos valores contribuyen a su expansión. El dinero fácil y rápido, no siempre es una consigna de buenos deberes y genera en la mayoría de los casos desatinos que marcan el alma de muchas personas.

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